Isabelino Gradín fue un deportista
completo. En su registro contó con cinco récords sudamericanos,
obteniendo el oro en el Primer Torneo Sudamericano de Atletismo de
1919 en Montevideo en las pruebas de 200 y 400 metros. Un año
después, en el Sudamericano de Atletismo disputado en Chile volvería
a conquistar estas preseas. Nuevamente se subiría a lo más alto del
podio en Río de Janeiro en 1922, repitiendo el primer lugar en 200 y
400 metros llanos. Campeón de la Copa América de fútbol con
Uruguay en dos ocasiones -1916 y 1917- y campeón uruguayo con
Peñarol en 1918 y 1921, año en el que se aleja del club aurinegro
al que defendiera desde 1915.
Atilio Narancio, uno de los fundadores
de Nacional, es recordado por todos como “El Padre de la Victoria”
por su apoyo incondicional -tanto económico como de confianza
extrema- para que Uruguay ganara su primer título mundial de fútbol.
Presidente del club decano en 1939 y en el período 1934-1935. Político vinculado al Partido Colorado -considerado la mano derecha
del fundador del Uruguay moderno, José Batlle y Ordóñez- y
presidente también de la AUF. Impulsor de la Copa América de 1923,
también dirigió los destinos del Club Atlético Atenas, Montevideo
Rowing y la Federación Uruguaya de Remo. Destacado pediatra y un
gran humanista. En varias ocasiones atendió a aquellos pacientes
carentes de recursos económicos sin solicitar dinero a cambio.
Diputado, Senador y miembro del Consejo de Administración de Uruguay
y, como si todo esto fuera poco, directo responsable de la llegada de
Atilio García a Nacional. “Si se llama Atilio tiene que ser bueno”
le dijo a los dirigentes de Boca Jrs, al seleccionarlo de una lista
de futbolistas ofrecidos por sus pares boquenses.
Isabelino Gradín
¿Qué cruzó los caminos de estos
deportistas? En 1939, Gradín se encontraba enfermo y viviendo en una
situación de pobreza. Narancio organiza un encuentro clásico para
recaudar fondos para el ex adversario. Isabelino Gradín hijo,
recuerda este hecho en el libro “Isabelino Gradín, testimonio de
una vida” de Carina Blixen.
“Antes
vivíamos en Emilio Raña, que es cuando él se enferma. Le hacen el
partido. Un beneficio. Es cuando le dan la plata en el hospital.
Atilio Narancio, el presidente de Nacional es el que organiza eso.
Cuando él murió, la primera corona que llegó fue de Nacional.
Hicieron un partido Peñarol y Nacional. Llenó el estadio. Sacan
para una casa. A él le daan la libreta, porque estaba mal, y piensan
que se moría. Atilio Narancio habla con Peñarol y Peñarol acepta”.
(Isabelino hijo, octubre 1995).
Tal era el grado de
grandeza del Dr. Atilio Narancio. Una figura hecha a la medida del club que fundó y acompañó hasta su muerte. Un ejemplo para
estos tiempos de absurdas confrontaciones . Nacional se hizo grande
siendo fuerte, pero también generoso.
Ernesto Flores

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