jueves, 15 de junio de 2017

6:15

Una escena recurrente en las películas de vaqueros; la mesa de póker en el saloon y el recién llegado que, como primera acción, deposita sobre la tabla, desafiante, el arma que extrae de su cinturón. El desenlace suele ser el mismo; por una provocación -o porque sí- se dispara una balacera que luego de varios caídos es detenida por el sheriff.

Podríamos usar esto como metáfora e imaginar que la desafiante colt es nuestro celular y el saloon la red Twitter. Como en el cine, se disparan discusiones porque sí o en respuesta a una supuesta ofensa, falacia o tergiversación y, al igual que las utilizadas en las películas, gran cantidad de estas balas-argumentos, son de fogueo. De “mentiritas”.

Así, se miente con total impunidad -y en general debido al desconocimiento- sobre logros deportivos, virtudes de algunos futbolistas, emprendimientos, surgimiento y desaparición de instituciones y respaldo de hinchas y socios. Hasta se disparan, a manera de noticias, disparates como el de la foto que ilustra esta nota. Total, las balas de mentira no hacen daño.

En las películas, como en la red social, la intensidad de la balacera va en crecimiento y todos intentan ponerse a resguardo de la mejor manera. Detrás de una mesa, la barra del bar, otro cristiano o volando a través de la ventana, todo esto sin dejar de disparar. Las armas, al igual que los celulares, parecen de repetición automática. Incansables.

¿Cómo protegernos en el saloon-Twitter y tratar de salir ilesos de esta enloquecida andanada de disparos? , Primero, intentemos no repeler errática e innecesariamente los mismos, y a la hora de cargar nuestro celular-arma, hagámoslo con la mejor munición disponible. Recurramos a la munición más poderosas de la dialéctica: la buena información. Y esto lo conseguimos confiando en nuestra fuente y, así y todo, cuestionando los datos recibidos hasta lograr el convencimiento de lo que manejamos.


Recordemos que al saloon-Twitter nunca va a llegar un sheriff a poner orden.

Ernesto Flores

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