Una escena recurrente en las películas
de vaqueros; la mesa de póker en el saloon
y
el recién llegado que, como primera acción, deposita sobre la
tabla, desafiante, el arma que extrae de su cinturón. El desenlace
suele ser el mismo; por una provocación -o porque sí- se dispara
una balacera que luego de varios caídos es detenida por el sheriff.
Podríamos
usar esto como metáfora e imaginar que la desafiante colt
es nuestro celular y el saloon
la red Twitter. Como en el cine, se disparan discusiones porque sí o
en respuesta a una supuesta ofensa, falacia o tergiversación y, al
igual que las utilizadas en las películas, gran cantidad de estas
balas-argumentos, son de fogueo. De “mentiritas”.
Así,
se miente con total impunidad -y en general debido al
desconocimiento- sobre logros deportivos, virtudes de algunos
futbolistas, emprendimientos, surgimiento y desaparición de
instituciones y respaldo de hinchas y socios. Hasta se disparan, a
manera de noticias, disparates como el de la foto que ilustra esta
nota. Total, las balas de mentira no hacen daño.
En
las películas, como en la red social, la intensidad de la balacera
va en crecimiento y todos intentan ponerse a resguardo de la mejor
manera. Detrás de una mesa, la barra del bar, otro cristiano o
volando a través de la ventana, todo esto sin dejar de disparar. Las
armas, al igual que los celulares, parecen de repetición automática.
Incansables.
¿Cómo
protegernos en el saloon-Twitter
y tratar de salir
ilesos de esta enloquecida andanada de disparos? , Primero,
intentemos no repeler errática e innecesariamente los mismos, y a la
hora de cargar nuestro celular-arma, hagámoslo con la mejor munición
disponible. Recurramos a la munición más poderosas de la
dialéctica: la buena información. Y esto lo conseguimos confiando
en nuestra fuente y, así y todo, cuestionando los datos recibidos
hasta lograr el convencimiento de lo que manejamos.
Recordemos
que al saloon-Twitter
nunca va a llegar un sheriff a poner orden.
Ernesto Flores

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