Cada vez que un medio -sobre todo si es
extranjero- hace mención a la cantidad de torneos internacionales
obtenidos por los distintos clubes de América, se elevan los
lamentos y berrinches de un grupo de gente que parece embarcada en
una cruzada destinada a dar por tierra con los logros de la época
más destacada del fútbol uruguayo. Rencorosos que no dudarían en
ceder la gloria obtenida en Colombes y Ámsterdam si con eso pudieran
poner un definitivo manto de amnesia a “Las Copas (no tan)
Olvidadas”.
Este menosprecio a las antiguas copas
Chevallier Boutell, Aldao y Cousenier -de las que el club decano
ostenta 12 logros, más que las que suman todo el resto de los clubes
uruguayos- se extiende a las copas Ricardo Aldao disputadas en las
décadas del 40 y de las cuales Nacional conquistó tres (1940, 1942
y 1946). Ante la inconsistencia del argumento que las primeras dos no
fueron “definidas por las asociaciones” -como si luego de
redactado y aprobado un reglamento necesitara de una segunda
instancia de ratificación, nunca previsto en el planteo original- se
busca atacar por otro flanco, poniendo en duda la oficialidad, poder
de convocatoria, valor de los trofeos o, como llegué a leer
recientemente, la condición de internacional de los mismos, ya que
eran “copas rioplatenses”, argumento que no merece ningún
comentario.
Existen innumerables pruebas para
refutar estas manifestaciones. Citemos algunas:
El 27 de diciembre de 1940, en la
previa al partido final entre Nacional y Boca Jrs.“El Diario” de
Montevideo, titulaba “Nacional y Boca en el match del año. Los
abanderados del fútbol uruguayo y argentino lucharán con ahínco
para clasificarse Campeones del Río de la Plata”.
Referente a esa misma final, y en lo
que tiene que ver con el carácter oficial de la misma, en las
memorias de la AFA del 2 de enero de 1941 (lamentamos no poder
incluir notas de la AUF, puesto que se han tornado inexplicablemente
inaccesibles) se lee: “NACIONAL DE MONTEVIDEO v. BOCA JUNIORS
1ra. 28/12 EXP 3890. Se toma nota de la severa amonestación aplicada
por el Tribunal internacional para este partido, dictada contra el
jugador Pedro A. Suárez”. Resulta altamente improbable que la
Asociación del Fútbol Argentino tome nota de sanciones acontecidas
en un partido de carácter no oficial, como también es inexplicable
la designación -que también consta en la Memoria de la AFA de
diciembre de 1940 - del Sr. Enrique M. D´Elias “para integrar
el tribunal por el partido por Trofeo Río de la Plata”
(denominación con la que también se conocía a la Copa Ricardo
Aldao), si dicha copa no era tomada “en serio”.
La final del año 1942 fue presenciada,
según la sección deportiva del diario “El Diario”; “solo
por 18.000 personas”, en contraposición a la de dos años
antes en que en un Centenario colmado; “a pesar de la tarde
canicular, los aficionados al fútbol permanecieron firmes en la
catedral de cemento”. Puede considerarse un escaso marco de
público, pero muy superior al que constatamos en ocasiones en estos
tiempos. Sobre todo en otras canchas que no son la nuestra.
Volviendo a la confirmación como
partidos internacionales oficiales que surge a través de las
Memorias de AFA, citemos algunos puntos de la sesión del Consejo
Directivo del máximo órgano futbolístico argentino. Boletín 707,
de fecha 6 de marzo de 1942: “COPAS “RÍO DE LA PLATA” Y
“ESCOBAR GERONA”.- Se aceptó lo propuesto por la “Asociación
Uruguaya de Football” en sentido de que el 29 del actual jueguen en
Buenos Aires “River Plate y Nacional” y en Montevideo “Peñarol
con San Lorenzo”. Veinte días después, la asociación rectora
del fútbol, argentino designaba a los miembros que integrarían los
Tribunales de Pena para ambos torneos y a la cancha de San Lorenzo de
Almagro para disputar el encuentro que enfrentaría a Nacional con
River Plate. Si esto no es oficial...
En cuanto al comentario de que se
trataba de “copas sin valor”, basta recordar lo escrito por el ex
presidente aurinegro José Luis Buzzeti en su libro “Crónica y
comentario de Peñarol 1891-1961, donde destaca que la Copa Aldao
obtenida por Peñarol en 1928 era el trofeo más importante que
lucían en sus vitrinas hasta entonces.
Ernesto Flores




0 comentarios:
Publicar un comentario